Hasta hace poco tiempo se pensaba que todos los pacientes con este tipo de linfoma tenían un pronóstico muy pobre. Sin embargo, el uso de protocolos (planes de tratamiento) intensivos de quimioterapia, similares a los utilizados para la leucemia linfoblástica aguda, ha mejorado en forma importante el pronóstico para pacientes con linfoma de Burkitt.
El tratamiento del linfoma de Burkitt supone regímenes de poliquimioterapia agresiva. El agente más importante para el tratamiento del linfoma de Burkitt es la ciclofosfamida. Los actuales protocolos incluyen la combinación de ciclofosfamida, vincristina, metotrexato y prednisona.
La quimioterapia a dosis altas con trasplante de células madre de médula ósea o de sangre periférica es una alternativa para los pacientes de alto riesgo, así como para los que tienen un linfoma recurrente después del tratamiento.
Esta poliquimioterapia, después de haber sido utilizada en tratamientos a niños, ha sido empleada con gran éxito en pacientes adultos, con el 70% de pacientes libres de la enfermedad después de cinco años. El pronóstico es mejor cuando puede resecarse el tumor abdominal voluminoso.
Los pacientes que han sufrido un linfoma de Burkitt tienen entre un 20% y un 30% de probabilidad de sufrir algún tipo de efecto secundario en el sistema nervioso central durante el resto de su vida. Por tanto, es importante seguir una profilaxis del mismo con quimioterapia intratecal (metotrexato con corticoides). También se han descrito tratamientos con radioterapia de irradiación total, y trasplante de médula ósea o células madre autólogo (el trasplante alogénico es mencionado raramente).
Uno de los protocolos que ha demostrado su eficacia en el tratamiento de linfomas de Burkitt es el protocolo HyperCVAD, publicado en agosto de 1999. Se ofrece su traducción completa, así como una descripción detallada de los fármacos y citostáticos empleados.
Por lo general, cada 3 meses durante el primer año y después menos frecuentemente en forma gradual, se realiza una historia médica general (entrevista) y un examen físico. Este examen incluye, especialmente, una evaluación cuidadosa del tamaño y consistencia de los ganglios linfáticos. La selección de otros estudios y pruebas dependen del tipo, localización y etapa del linfoma. Si están afectados ganglios linfáticos internos u otros órganos internos, se utilizará un TAC para medir el tamaño de las masas tumorales. De igual forma, ciertos tipos de pruebas de sangre serán de utilidad para detectar la recaída del linfoma.