Contenido |
Más de un tercio de los pacientes con cáncer padecen dolor, y más de dos tercios de los pacientes con cáncer avanzado (con metástasis o recurrente ). Controlar ese dolor es parte del tratamiento, no sólo por la molestia física en sí, sino porque puede llevar al paciente a no hacer sus tareas habituales con normalidad, tener dificultades para dormir y comer, y sentir frustración ante el hecho de que amigos y familiares no entiendan qué les sucede.
Las siguientes son preguntas que puede hacerle a su médico acerca del control del dolor:
Cuando las personas dicen que tienen dolor, por lo general quieren decir que alguna parte del cuerpo les está haciendo daño. Sin embargo, a veces lo que quieren decir es que se sienten mal en general, no en un lugar en particular.
La sensación de dolor puede empeorar si la persona está deprimida. Debido a la forma en que fueron criadas, a la manera en que ciertos miembros de la familia suelen expresarse, o simplemente porque son así, algunas personas hablan de sus dolores, y otras no. En general, la forma en que se refirieron al dolor en el pasado, o sea, antes de la enfermedad, será la forma en que lo harán ahora.
La sensibilidad es una función del sistema nervioso en condiciones normales, la cual puede resultar alterada por diferentes causas. De los diferentes tipos de sensibilidad de una persona normal, uno de ellos es la sensibilidad dolorosa que da lugar al dolor fisiológico.
Según definición del Subcomité de Taxonomía de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor, "el dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada con una lesión real o potencial de los tejidos, o que se describe como producida por dicha lesión". El subcomité añade que el dolor es siempre subjetivo, que cada individuo aprende a aplicar ese término a través de su experiencia, y que es siempre desagradable.
Hay que distinguir dos componentes: un componente sensorial, que es la sensación dolorosa por la que el individuo se percata del estímulo; y un componente afectivo, que constituye el sufrimiento asociado al dolor.
En función de su cronología, existen dos tipos de dolor:
Dependiendo del tejido, podemos clasificar de nuevo el dolor en:
Hay seis características clínicas del dolor que tienen importancia con respecto al diagnóstico:
En el 75% de los enfermos de cáncer, el dolor es producido por dos o más causas; en el 25% por cuatro o más causas. Las causas pueden ser de los siguientes tipos:
En general, la frecuencia en el dolor aumenta con la magnitud de la lesión que lo causa, sea o no un tumor. En el cáncer, la frecuencia del dolor depende de la localización primaria del tumor y de las metástasis; de hecho, el dolor es menos frecuente en los tumores que no presentan metástasis. Por tanto, cuanto mayor sea el tiempo transcurrido desde que se inicia clínicamente hasta que se diagnostica, mayor será el tamaño del tumor, y mayores posibilidades de que haya metástasis, y mayor prevalencia de dolor.
De las diferentes causas de demora, existen dos factores inherentes al enfermo que son importantes para el dolor: el miedo a padecer cáncer por una parte; y por otra la (errónea) creencia general de que el cáncer siempre produce dolor, lo cual induce a retrasar la consulta al médico, aunque haya síntomas, hasta que el dolor hace su aparición. Obstáculos para el alivio del dolor de cáncer
El control eficaz del tratamiento del dolor asociado al cáncer suele tener los siguientes obstáculos:
Aun el dolor intenso puede controlarse muy bien mediante combinaciones de medicamentos que pueden tomarse por vía oral (por la boca). Por lo general, estas combinaciones contienen narcóticos. Las personas tratadas con narcóticos para aliviarles el dolor no se vuelven "adictas" ni consumen drogas por placer. Al cabo de cierto tiempo, sus cuerpos sí se vuelven dependientes del medicamento contra el dolor, pero esto también puede decirse de un diabético que necesita insulina, o de un paciente con insuficiencia cardíaca que necesita medicamentos constantes.
Cuando el dolor se alivia, la necesidad del medicamento desaparece gradualmente.
Una vez que el médico evalúa el dolor, se prepara el plan de tratamiento y se habla de él con el paciente. El dolor de cáncer puede tratarse de varias formas, incluidas las del tratamiento propiamente dicho con quimioterapia, radioterapia, cirugía u otros. La medicación es la forma principal de tratamiento del dolor de cáncer, aunque existen más métodos.
También se les llama narcóticos, y son los fármacos más potentes, y sólo se pueden comprar con receta médica. Entre ellos están la codeína, oxicodona, morfina, fentanilo e hidromorfona. Se pueden clasificar como débiles, para el dolor menos fuerte, normalmente tienen un analgésico no opioide mezclado; y potentes, para el dolor intenso, que pueden tener mayores efectos secundarios y por tanto debe controlarse más la dosis.
Los opioides también se clasifican por el tiempo en que empiezan a surtir efecto y la duración de su eficacia: los de liberación prolongada alivian por más tiempo, por lo que deben tomarse con menos frecuencia; los de liberación inmediata alivian rápidamente, y no duran mucho tiempo. En casos de dolor crónico se administra con otro opioide de liberación prolongada.
Su función no es tratar el dolor, pero su efecto ayuda a aliviarlo en algunas situaciones (los cuatro tipos requieren de receta médica):
Para el dolor localizado que no responde a otras medidas, o cuando la medicación produce efectos secundarios inaceptables, se puede aplicar un anestésico local, generalmente junto a un esteroide, que se inyecta en un nervio o incluso en la médula espinal. En otras circunstancias (muy especiales) puede incluso cortarse quirúrgicamente el nervio para bloquear el dolor.
Otras terapias pueden ser eficaces para aliviar el dolor, como la relajación, masajes, terapias de frío y calor, fisioterapia, y el apoyo y asesoramiento emocionales.
Son conocidos y fáciles de manejar. Entre ellos, puede aparecer somnolencia y náuseas, aunque no son habituales los vómitos. Las náuseas son tratables con medicación y desaparecen entre 1 y 3 días después de comenzado el tratamiento. Para reducir la somnolencia se administran gradualmente los opioides, de menos a más, hasta ajustarlo al óptimo, que llega con el máximo de alivio y el mínimo de efectos secundarios.
En ocasiones, algunas personas piensan que las náuseas son una reacción alérgica. Por sí solas no lo sona, pero si aparece prurito y/o hinchazón, entonces sí podría serlo.
Algunas personas pueden sentir estreñimiento también, combatido con mayor ingesta de líquidos, aumento de fibra en las comidas, hacer ejercicio y los laxantes.
Los opioides también pueden hacer más lenta la respiración. Esto deben saberlo los familiares, que no deben asociarlo a la cercanía de lamuerte.
En raras ocasiones, el paciente siente confusión, desorientación e incluso delirio. La solución puede ser cambiar de medicación o administrar analgésicos adyuvantes.
Los pacientes que están tomando opioides se dan cuenta, a veces, de que van necesitando más dosis para calmar igual el dolor. Puede que el dolor haya aumentado, o puede que se haya desarrollado tolerancia al medicamento, es decir, que su organismo se haya acostumbrado. Se puede aumentar un poco la dosis, pero no debe confundirse con adicción.
Este fenómeno es común con la morfina, aunque es infundada la creencia de que por esa razón es inefectiva a largo plazo.
La adicción es denominada más correctamente como farmacodependencia, y la OMS la define así:
"Un estado psíquico y a veces también psíquico, que resulta de la interacción de un organismo vivo y un fármaco, caracterizado por reacciones de comportamiento y de otro tipo que incluyen siempre un impulso a ingerir el fármaco de forma contínua y periódica para experimentar el efecto psíquico y/o evitar el sufrimiento causado por su ausencia. Puede haber, o no, tolerancia."
Con arreglo a esta definición, el Comité de Expertos en Drogodependencia de la OMS no ha encontrado ningún caso de farmacodependencia en enfermos de cáncer. La experiencia diaria lo demuestra cuando, a un enfermo que ya no precisa la morfina, se le surprime progresivamente sin ningún problema.
Se dejan de administrar gradualmente. Si se hace de golpe, puede aparecer gripe, sudoración excesiva o diarrea. Los síntomas desaparecen en pocos días o semanas.